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9 de mayo de 2011

Entre la radio enajenante y la que invita a pensar. Entrevista a Juan Stack

Por Omar Galicia.


Una voz vibrante, de cuerdas gruesas sale de su boca. Voz de locutor, de interpretador de textos como él mismo se define. Juan Stack ha laborado durante 30 años en la llamada radio cultural y si un trabajo no le divierte, simplemente no lo hace. Y su trabajo lo vale. Alguna vez lo vi hacer la voz de seis personajes distintos, en una sola toma, para la producción de una serie de cuentos para radio. Hace locución principalmente para el INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) y Radio UNAM. También es un gran anfitrión pues se preocupa porque la entrevista se grabe sin tanto ruido de fondo. Yo he llegado con un infame té negro chai en la mano. A pesar de ello, me ofrece café, agua o refresco. Cuando nos sentamos a la mesa me pregunta: “¿De qué se va a tratar esto?”. Sin más, comienzo a soltarle ideas.


La abres, la cierras y te pasas a otra

Le pregunto si siente a la radio en México rezagada y su percepción del internet. Para explicarse me cuenta que siempre ha trabajado para las estaciones mal llamadas culturales y ha visto cómo se han reducido los tiempos oficiales por cuestiones políticas, por ello Internet resulta muy útil para la difusión de ideas.

“La gente está más pendiente de Internet que de la radio”, dice Juan, pues “la radio, principalmente, es comercial. Le importa más vender tiempos. Internet, aunque tiene propaganda, te da la opción de no aceptarla. Además, es inmediata: abres una nota, la cierras y te pasas a otra”.

Para Stack, Internet es algo increíble que le permite a los jóvenes tener blogs que funcionan como pequeñas radios comunitarias, como facebooks chiquitos, con sus públicos cautivos, donde se pueden exponer diversas ideas. “Parece que todavía está en blanco y negro; esperemos que pronto llegue Internet a color”, complementa.

En Internet el trabajo de Juan Stack aparece en el blog del INAH, donde hay cápsulas y video. “Es una especia de noticiero de lo que pasa en el instituto, como seminarios, conferencias, cursos”, comenta el locutor respecto a su trabajo en dicho blog.

Para él, llamar cultural a una radio es redundante, aunque acepta que sirve para distinguir ese tipo de radio con otra, la comercial: “Toda la radio es cultural, sólo que cada radio difunde diferentes aspectos de ella. En los setentas se obligaba a las disqueras a poner la leyenda el disco es cultura en las portadas de los acetatos”. De golpe recuerda el Ateneo de Angangueo, una tertulia fundada por el periodista Manuel Buendía y el economista Iván Restrepo en los ochentas, donde se creó la frase “la rumba es cultura” para hacer mofa de la que necesariamente debía estar en los discos. “Realmente todo es cultura”, termina la idea.

Como si fuera Chopin

“Todo trabajo, si es divertido hay que hacerlo; si no te gusta, no, aunque paguen. Es una consigna personal de vida” me dice el locutor cuando pongo sobre la mesa una máxima de Rodrigo de Oyarzabal, programador de Radio Educación, quien afirma que la radio que no es lúdica y subversiva, no es radio.

“Como locutor no soy lector de noticias ni comentarista, soy un intérprete de textos ajenos. Los escritos que me dan, sean cuentos o poemas, son como partituras para mí. Les doy una interpretación personal, así como un pianista hace la suya cuando toca una pieza de Chopin”. Por ello manifiesta se gusto por trabajar en la radio cultural debido que esos trabajos sólo los puede hacer allí. Además opina que la radio comercial es enajenante, mientras que la llamada cultural invita a la gente a pensar y pedir mejores productos.

Juan Stack admira a Carmen Aristegui porque a su gusto logra equilibrar la propuesta cultural y comercial de la radio. “Carmen justifica con un producto bueno la cantidad de comerciales que salen en su programa. Es muy chistoso que, en CNN, a Aristegui la patrocine Cadillac”.

Juan confiesa haberse enamorado de la radio cuando ésta todavía era muy honesta. Antes, cuenta un poco cómo llegó a los micrófonos de la radio universitaria.

“Yo crecí con la radio por necesidad. No pensé dedicarme a esto. Primero iba a ser ingeniero químico y después estudié teatro y de allí me quedé como locutor en Radio UNAM”. Suena el teléfono y lo ataca una pequeña distracción. Enseguida, retoma: “La radio de antes, aunque comercial, era mucho más honesta. En la actualidad todo es grabado. He hecho radioteatros donde sólo grabo mi parte y eso me incomoda mucho”.

Para Stack la intensidad dramática que requieren determinados trabajos radiofónicos no se cumple por el proceso actual de montaje de programas pues no hay verosimilitud, intensidad, simplemente no se siente. “Cada vez es más artificial la radio”, sostiene. Y eso los locutores de la vieja guardia lo notan. Describe como, hace ya muchos años, los programas se hacían en caliente. Se preparaban discos, guiones y demás para que se editara sobre la marcha. “Hace mucho que no grabo de esa manera. Se ha perdido mucho esa radio espontánea, viva y honesta”, comenta con nostalgia.
La cultura elitista

En la actualidad las radios culturales ofrecen un gran abanico de posibilidades para escuchar. Las radios culturales tienen esa facilidad. Por ejemplo, en Radio UNAM existe un programa llamado “Pájaros en el alambre” donde se hacen improvisaciones en vivo de temas que sugiere el público. Juan Stack habla sobre esa ventaja que tiene la radio pública porque está subsidiada, en este caso por la UNAM.

Aunque Juan habla con pasión sobre la variedad de temas que se pueden escuchar en la radio no comercial, confiesa que ya no oye tanta radio pues a veces se satura.

“Antes prendía la radio en el carro, pero ya casi no manejo. Prefiero ir en silencio, me encierro en mi cápsula y voy pensando”.

Al locutor le entristece mucho que los estudiantes universitarios casi no escuchen la estación de su escuela o que inclusive no sepan que existe.

“En Radio UNAM hay variedad de contenidos, pero son especializados, que tienen sus públicos cautivos, especializados, pero definitivamente no es una radio popular”. Habla sobre las pocas personas que escuchan ópera, o que disfruten de la danza. “La llamada cultura, (insisto, todo es cultura), sigue siendo elitista”.

Juan asume que hay radio para todas las necesidades. Así como los libros. Por ello afirma que Radio UNAM ofrece contenidos más especializados, cubriendo la necesidad de un sector que los necesita, aunque se pudiera encontrar en la banda radial cosas interesantes.

La radio ha mantenido su identidad como medio masivo a pesar de Internet y la televisión. Juan se explica: “La gente puede escuchar la radio haciendo lo que sea. Los albañiles, las amas de casa, en los talleres mecánicos. La información que emana de ella es muy penetrante. Para ver la televisión tienes que programarte y a pesar la estridencia de las pantallas de alta definición, las personas no dejarán de escuchar radio.

“A la gente se le está dando lo que pide. No se le enseña a exigir temas diversos”. Para Juan la calidad en contenidos sí está peleada con los altos niveles de audiencia. Platica que cuando trabajó en la Hora Nacional, al equipo de producción lo acusaban de ser muy culto. “Intentábamos dar a conocer artistas, escritores, músicos poco conocidos y nos cuestionaban eso pues nadie sabía de ellos y por ende no iban a escuchar el programa. De alguna manera tenían razón, pues buscaban públicos más grandes para La Hora Nacional”. Hoy día existe más gente escuchando el programa pues han metido cosas más comerciales, sentencia.
Yo gano 6 mil pesos

Le pregunto si le hizo gracia, como locutor de radio no comercial, el comentario de Ernesto Cordero, secretario de Hacienda, donde afirma que con 6 mil pesos al mes las personas viven bien.

“No. Nos hacemos tontos. Pensar en esa cantidad, pensando en cuanto es el salario mínimo, es una fortuna. Yo gano 6 mil pesos al mes en Radio UNAM, pero es donde más disfruto. Yo no viviría como vivo con ese dinero. Fue una mentada de madre, efectivamente.

Juan Stack siente que la libertad de prensa se ha ampliado, no gracias al gobierno, sino a la exigencia de la gente de tener información. En ese sentido le pregunto si existe algún oasis radial donde se descanse de tanto contenido basura. “Pienso que hay muchos oasis, la cuestión es buscarle en todos lados”.

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