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24 de junio de 2009

Joe... se nos murió la Radi...¿a dónde estás hermano?


La Radi ya no veía, ya no se movía, sólo respiraba pesadamente. Toda la familia vio cómo la salud de la mascota más especial iba menguando día a día. Pero sólo a Juan -quien la adoptó y la rescató de la calle- verdaderamente le dolía ver tan mal a la perrita que, al principio, conocimos flaca flaca, cómo si fuera una radiografía andante (de allí la Radi).


Según rememoro fue un domingo cuando me pediste ayuda para llevar a la perra al veterinario, pues no te atrevías a cargarla solo por el temor de lastimar al animal que llevaba años en la familia y que se mudo con tus papas y tu hermana del Olivar a la colonia Presidentes. Nos encontramos y me dijiste que la Radi estaba muy mal, que al parecer ya no había esperanza para ella. Me quedé mudo, triste. Esa perrita agonizante, víctima de los tantos años que vivió, después de tantas camadas de cachorros que vendías con Beto, Vicente, Marcos y el Uvas en los tianguis, se convirtió en un miembro más de tu casa, de nosotros. Siempre recibía con gusto a las visitas y ahuyentaba a los extraños. La decisión de sacrificarla se hizo extremadamente difícil, pero la tomaste. Cargamos a la Radi, la subimos a tu Brasilia convertible hecha a tu diseño y gusto y la llevamos al centro social de la colonia Golondrinas. El veterinario nos dijo que la perra ya estaba muy vieja y que estaba sufriendo, eso sólo reafirmó tu idea de sacrificarla para terminar con su agonía. "Está bien, inyéctela" recuerdo le dijiste al experto en animales. Todo pasó rápido. La Radi jadeo un poco y dejó de respirar. Ambos lloramos. "Se nos salieron las de cocodrilo" platicabas después cuando contabas la anécdota con una sonrisa melancólica.


Hoy, que nos quema tu muerte, que nos hiere tu ausencia, pienso que tu alma estaba enferma como lo estaba en aquel entonces la Radi. Tu esencia estaba ciega, ya no se movía y respiraba pesadamente. Pero en lugar de llamarme o llamar a alguien de tus ceranos, decidiste cargar solo con tu dolor para llevarlo a sacrificar sumergiéndolo en alcohol. Y nos agarraste por sorpresa, como era tu santa costumbre: ya fuera para jugarnos una broma, para agarrar a madrazos al cabrón que intentara lastimar a alguno de tus primos o para ir corriendo cuando chocaras tu troca o tu brasilia o el carro en turno de tu uso. Eso sí, siempre nos fuiste leal, siempre nos cuidaste, siempre te importó nuestro bienestar.


Joe, no puedo dejar de pensar que quizá te dejamos solo en tu infierno, que necesitabas más que un regaño o una llamada de atención para que dejaras de chupar para siempre porque todos sabíamos el efecto venenoso del vino en tu cuerpo y mente. De hecho intentaste dejarlo, pero siempre regresabas a tu guarida de botellas. Pero tampoco sé si te trazaste ese maldito destino. No sé si decidiste irte así, abrazando tu gusto por cualquier bebida. Simplemente, no sé. Lo que sí sé es que me duele a madres tu ausencia. Que así, oxidado en mi escritura, me animo a relatarte el pesar que tengo y que tiene toda la familia porque ya no estás en nuestras vidas, en mi vida. Todavía no lo podemos creer. Siempre te esperamos en casa y no entendemos la obligada perpetuidad de tu ausencia. Eso porque nos faltaron historias que platicarnos, chistes que contarnos, bromas que hacernos, tacos de carnitas o de barabacoa que compartir, partidos de futbol que jugar los sábados por la mañana con el Boca Juniors, clásicos Chivas - América que ver, goles de las primeras que festejar tu y lamentar yo. Burlas para hacerte cuando las águilas lograran el triunfo sobre tu "rebaño sagrado".


Pero ahora tienes paz. Paz inalcanzable para ti en esta puta vida. Paz que nadie te podía ofrecer en este plano. Vete tranquilo primo, hermano, que cuando pase este pinche vendaval de sufrimiento inmensurable, seré más fuerte para enfrentar los sinsabores de la vida, podré ir dejando el miedo de vivir y de ser feliz, lograré aprender de tu pérdida para beneficio de la gente que me quiere, de nuestra familia y finalmente mío.


Te quiero Joe. Descansa, por fin, en paz. Y guárdame un lugarcito pa cuando me toque irme allí donde estás.

12 de diciembre de 2008

Altar al crucifijo


Siempre te venero. En la realidad, en los sueños, en la imaginación. Tu imagen semidesnuda, de bruja pagana, de mito arrablero, esta enmarcado por ángeles y demonios en un cadalso al cual debo llegar. Te rezo todos los días, te ofrendo flores de deseo, deposito en tus arcas mi diezmo de ayuno matutino. Y no tengo reparo en que me llamen fanático, loco, extremista. Sólo yo te venero con honestidad, ciegamente. Soy el peregrino que siempre te dedica una oración antes de los alimentos. Soy quien te espera bajo el altar, del otro lado de la cama, fervoroso y lleno de sangre. Porque ahora no soy lobo, sino cordero. Dréname todo. No esperes. Es momento de que bajes del altar y cumplas el milagro de besar mi frente y dejarme seco; de que hagas ocurrir lo que gritaron tus profetas. Tiéndeme y mátame de lo que quieras. Sólo te pido que despedaces los clavos que te inmovilizan, te llenes de energía y me vuelvas parte de tu trinidad.

8 de diciembre de 2008

José Cendón secuestrado

José Cendón, fotógrafo reconocido mundialmente, fue secuestrado hace unas semanas en Somalia. Este cuate logra plasmar una realidad pasmosa en sus tomas. Alucinante. Aca fotos de centros psiquiátricos en Burundi. Esperemos que liberen pronto a Cendón.

Denle una checada a la sección Galerías, donde hay más fotos que ver.

2 de diciembre de 2008

Personajes de cuento


Me cansé de ser el de siempre. Me cansé del dolor que provocan los celos, del dolor que siento en las entrañas de saber que los amigos no lo son y de que la sangre no me llame sólo porque no estoy todos los fines de semana borracho. Me he cansado de no tener tragedias personales para que alguien me tenga simpatía. La única verdad, la certeza indivisible, es que me estoy muriendo de nada, que mi dolor es imaginario y he decidido afrontarlo. Esta vez no quiero que la gente me tome en serio, que piense que soy un tipo buena onda, simplemente no quiero sentir dolor. Hoy tengo ganas de matar, de sentirme liberado. Matar para rehacer; desconstruir vidas y saberme parte de algo. Lastimosamente se que nadie tendrá la intención de deneterme... dos gardenias para ti con ellas quiero decir te quiero, te adoro mi vida...

19 de octubre de 2008

Un tango en el desierto


Estoy medio ebrio cuando escribo esto.


Mientras ella lloraba, él la penetró. Piernas abiertas, carne trémula. Espasmos lacrimógenos. Él se aferraba a sus caderas con guantes de confusión pero piel de lascivia. Ella, una mano al pañuelo y otra a la sábana. Ambos cabalgaban el paroxismo de la confusión, a pesar de que entre los dos, la armonía inmaculada, ocurría. Sollozos y pujidos, la orquesta.

-¿Qué pasa?- dijo él.

-¡Sigue!- ella ordenaba.

-Carajo, ¡¿qué ocurre!?

-¿No lo ves?, ¿puedes?- gritó, en medio de un orgasmo, ella- esto es un tango. Mírame...


Y él lo vio en sus ojos.


-Alguien tiene que morir.

4 de septiembre de 2008

Retorno del Guajiro (regreso al combate onírico)



Me encuentro en un tipo de fiesta que está adornada por políticos a las faldas de un edificio altísimos. Me acompañan varias personas pero sólo reconozco a Gabriela, cuya presencia me tranquiliza. Alguien de la banda grita por allí: ¡ámonos a la chesta!, y lo seguimos en bola. De golpe estamos en uno de los pisos más altos, parados en las escaleras de emergencia. La vista es impresionante. Logramos ver una ciudad alegre pero inmóvil. Una avioncito de papel pasa volando justo en el piso donde estamos disfrutando la vista. Le siguen una garza y una ranita. Después pasa volando todo un ejército de figuras de papel que vuelan coordinadas y bailan como si cumplieran una coreografía estricta de dificultad elevada. La fuerza del aire aumenta y el edificio empieza a moverse violentamente de lado a lado. Le digo a Gabriela que se aferre fuerte a mi; yo agarro el primer tubo que veo para evitar caer de la estructura. Los nervios me invaden, cosa que no ocurre con los demás que ríen. La mirada de ternura que me concede Gabriela me va relajando al tiempo que la fuerza del aire mengua. Cuando el edificio deja de bailar, descubro que ahora estamos en una cafetería, en la planta baja. Risas, sonido de copas chocando y humo de cigarro atavían el cuadro, que se hace borroso cuando escucho un timbre sonar.



Imágenes tomadas del video de la canción Samson de Regina Spektor

20 de mayo de 2008

Cuentos extraviados. ¿Alguien los reconoce?

Uno

El amor no es lo contrario a la soledad: es la soledad compartida, habitada, iluminada por la soledad del otro.

El amor pide casa, cuarto y silencio.

El amor es un tratado de incomprensiones.






Hbos Room de Matthew Pilssbury





Dos

Lo ideal es acompañar al amor con la juventud y al final un cigarro fumable antes de preguntar ¿qué horas son?








El beso de Thedore Gericault





Tres

Estuve viendo nuestra foto. Un gran momento sin duda.Evité ese cliché cursi de tocar tu imagen con el dedo, pero toqué tu sonrisa con mis ojos; ojos en ruina. Una duda llegó en mi: ese momento ¿no estará atrapado en esa imagen, ese papel?


Senos de Francis Picabia

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